El muro

Posted in Uncategorized on 19/12/2011 by la7columna

Al muro le faltan todavía unos centímetros para estar completo. Además, está salpicado de poros en toda su estructura, creo que por ambas caras; mientras se levantaba, de vez en cuando se colaban pequeñas burbujas que contenían algo que ahora es aire, pero cuya imagen todavía puede verse, aunque distorsionada, como si fuera el reflejo exterior de una pompa de jabón, que se mantiene un segundo antes de explotar y desaparecer para siempre, o como si fuera la última mirada de un muerto.

No es un muro compacto, con todos esos destellos no puede serlo, aunque sí férreo, pues se ha levantado con la determinación de quien no es consciente de lo que hace mecánicamente.

El muro aísla. El muro genera dos realidades.

Las diferencia.

Las separa.

Pero como está incompleto y no es compacto, por arriba, o por los miles de minúsculos agujeritos repartidos por toda la pared, que centellean con imágenes que no ocupan espacio (pero tienen lugar, ¿acaso el del recuerdo?), todavía pasan cosas de un lado a otro.

A veces se cuela una mirada, y a partir de pequeños retazos supone la realidad que se vive al otro lado; un fragmento por aquí, una visión por allá, concluyen lo que puede estar pasando allí. Para hacer esto se necesita esfuerzo e inventiva; esfuerzo, para encontrar agujeros por donde mirar que siempre requieren posturas imposibles, e inventiva, para rellenar los huecos de lo que no se ve con lo que se imagina. Por ello, y porque levantar el muro ha sido una faena ciertamente alienante, no son muchas las miradas que atraviesan la pared, y, a menudo, la realidad que se imagina a cada lado -si es que se imagina- tiene pocos puntos de certeza.

Lo más frecuente es que sean palabras las que atraviesan el muro. Es cierto que las únicas que lo hacen son las más delgadas del idioma; aquéllas que, por frías, se pronuncian sin esfuerzo y sin el sentimiento que las haría grandes; de lo contrario, no podrían atravesarlo. Expresiones superficiales, prensadas de logística y cargadas de inercia, son las que mantienen el mínimo contacto entre cada realidad a ambos lados del muro.

Realidades aisladas. Realidades distintas. Soledades, al fin y al cabo. Pues el muro no deja de ser un muro aunque esté hecho de silencio.

(…y cada nuevo silencio es un ladrillo más en el muro.)

 .

Posted in Uncategorized on 29/11/2011 by la7columna
.
Cuando el olvido secuestra un recuerdo
(con síndrome de Estocolmo).
Cuando el cuarto creciente te habla en chino.
Cuando el blanco de la diana se vuelve negro.
Cuando mañana es ayer y hoy ya no existe.
.
Cuando la caja de música no suena al abrirla
(¿funcionará a pilas?).
Cuando el mago te cuenta su truco al oído.
Cuando la brújula ya no señala al norte
(y el sol se pone cada noche por el este).
.
Cuando las canciones no hacen escalas,
y al otro lado del espejo sólo queda la pared…
 .
(…la pasión te está poniendo
los cuernos con el hastío.)
.

Posted in Uncategorized on 17/11/2011 by la7columna
.
Si caminas bajo una tormenta, o sobre ella, y el barro se te pega a la suela de los zapatos volviendo tus pasos cada vez más torpes e inseguros, prueba a caminar descalza. No temas ensuciar los pies ni que éstos se te queden fríos, no te engañes; ya están sucios, ya están fríos, y caminar ligera te hará más fácil atravesar la tormenta.
.
(O puede que, en el nuevo tacto de tu piel desnuda, encuentres la motivación que te falta para salir de ella.)
.

En blanco y negro

Posted in Uncategorized on 23/10/2011 by la7columna

Quisiera escribir en colores, pero no encuentro mi caja de Plastidecor. Yo creo que me la han robado, porque he mirado por todas partes y nada, ni rastro de ella.

¿Habré sido yo?; si lo supiera, por lo menos tendría a quien perseguir con un lápiz afilado en la mano…

.

Dos mil colores

Posted in Uncategorized on 14/10/2011 by la7columna

Me gusta la luz azulada que entra por la ventana de mi cuarto las noches de luna llena; contrasta con el naranja de las farolas y la tierra seca como una piedra preciosa entre cantos rodados.

A la hora en que me acuesto, atraviesa mi ventana y cae directamente sobre mi almohada. No sé durante cuánto tiempo me ilumina -cuando echamos un duelo siempre pierdo yo-, pero creo que está empezando a afectar a mis neuronas…

(A la mañana siguiente estaba hasta el moño. Hasta el moño de las prisas para llegar tarde siempre a ningún sitio. Hasta el moño de sudar por la tarde lo que ha tiritado esa mañana. De tener que pulsar siempre tres veces el mismo botón. De las oraciones pasivas. De los niños mohínos con sonrisas digitales. De las cocinas sin sal (ni salero). De la cara tensa sin necesidad de muecas. De las hijas tristes. De las que siempre les duele algo. Del mi sostenido. De las penas de los otros. De sus penas reincidentes. De las ventanas cerradas… y de las carreteras tan rectas que las curvas son sólo rotondas. Así que decidió despeinarse hasta que no quedara nada de moño y rebuscó en el fondo del armario para encontrar algo con lo que vestirse esa mañana de optimismo.

No había nada. ¿¿Se lo habrían comido las polillas??

Y el resultado fueron dos mil colores que no combinaban ni a la de tres, pero que a ella le hacían gracia, lo cual era un buen principio.)

¿Lunática? Habrá que esperar al mes que viene.

What will be (Allo Darlin\’)

Con lo que hemos sido…

Posted in Uncategorized on 07/10/2011 by la7columna

…y pa lo que hemos quedado.

Para seguir en invierno cuando ha llegado el verano.

Para dejar en el plato la cena que antes habría devorado.

Para despertarme, siempre, justo cuando estoy soñando.

(con los puños cerrados)

Para pensar en Caprabo si hago la compra en Alcampo.

Para creerme que subo cuando, en realidad, voy bajando.

Para fregar las huellas de un baile que ni siquiera ha empezado.

(de rodillas, con las manos)

Para eso hemos quedado.

Para vomitarlo todo, todo lo que no he sudado.

Para engañarme sabiendo que nunca estarás a mi lado.

(O para no encontrar mi sitio nunca, en ningún lado.)

.

Si vas a tender, concéntrate en las cuerdas

Posted in Uncategorized on 03/10/2011 by la7columna

El otro día, después de tender la ropa, me quedé mirando una preciosa luna creciente que había al sur de mi mar de asfalto, con olor a suavizante. De repente, recordé que un día yo había estado allí, que un día viajé a la cara oculta de la Luna; aunque hacía ya tanto de eso… o tan poco, que el tiempo siempre es relativo. Y yo, tan abajo, y la luna, tan arriba y tan brillante, me hizo sentir más pequeña que nunca.

Si hubiera sido un lobo la hubiera aullado, de eso estoy segura; esperando que entre mis notas apareciera el camino de regreso a ella. Pero como no lo soy, tuve que conformarme con fumarme un cigarrillo y compadecerme mientras la veía abandonarme en su camino hacia el oeste y yo permanecía estática, apoyada en una inerte barandilla de frío aluminio, sin más distracción que la insípida vida de mis vecinos de enfrente.

.

Harvest moon (Neil Young)