Silencio, por favor

El problema de no saber a qué suena el silencio es que, cuando eso pasa, cualquier otro sonido se convierte en estridente, pues interrumpe el proceso natural en todo ser humano de no olvidar (o tener que recordar, si es el caso) que el silencio tiene un sonido propio.

Shhh. Silencio.

Me refiero al silencio lúcido, el diurno. Aquél que te acompaña por dentro entre sonidos de fuera que no reclaman tu atención.

El que te permite posicionarte en el mundo y escucharte sin interferencias.

El que notas que te falta cuando todo lo demás se convierte en ruido, cuando lo buscas desesperadamente porque, desesperadamente, lo necesitas y no te conformas con el que cabe en un sólo segundo intermitente, aunque sea todo y nada a la vez (… ¿ya?).

El que te permite callar y callar(te), o la música que amansa a tus fieras.

¿A qué sonaba el silencio?

Shhh.

(Se ruega silencio, por favor.)

Enjoy the silence (versión de Susanna and the magical orchestra)

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