Tormenta de verano

Como soy una mujer de contrastes con tendencia al ensimismamiento, no hay nada que me guste más que una tormenta de verano cuando estoy trabajando. Como la que acaban de regalarme. La vida, la naturaleza, la meteorología, este momento, un dios o las hadas del tiempo, qué más da (sé que ha sido para mí).

He mirado a la terraza y he visto el sol y el silencio del calor cuando es tan sofocante que ni siquiera hay chicharras.

Un segundo después he vuelto a mirar y seguía el sol, pero esta vez acompañado del enérgico repiqueteo de las gotas de las tormentas de verano. Impresionantes. Sonoras y refrescantes. La versión acuática de los fuegos artificiales. Y en mi terraza.

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Salir corriendo a cerrar para no tener que volver nadando………………… >>> Mi impulso social-pragmático.

Salir corriendo a dejarte regar para lavarte el alma…………………………… >>> Mi impulso natural-esencial.

Salir corriendo, disfrutar de las gotas de lluvia sobre la cara mientras cierras despacio, y volver sonriendo dejando el suelo algo mojado >>> Mi impulso equilibrado.

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¿Por qué resulta tan difícil dejarme llevar por éste más allá de las tormentas de verano?

Ha dejado de llover. Me voy, a guiñarle un ojo al arcoíris a ver si me dice cuál es el secreto.

Have you ever seen the rain? (Ramones)

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