Vorágine

El silencio ha retumbado (again) en la cabeza de mi protagonista y, saltándose las leyes de la Física, ha originado eco. Esta vez, el eco no tiene forma de pregunta sin respuesta sino que se expande a través de ondas que traspasan su cabeza hueca y difuminan la visión, así que, al mirar alrededor, ya no sabe si lo que ve es real, está distorsionado o ni siquiera existe.

De repente, se funden espacio y tiempo; ayer, hoy y mañana; aquí y allí; entonces y ahora, en un descomunal torbellino que lo engulle todo.

Dentro de él no hay asideros para mi protagonista, que da vueltas y vueltas y vueltas, una y otra vez. Y, si los hay, no es capaz de distinguirlos entre la maraña de representaciones que se le aparecen. Con estridente rapidez, hay personas, emociones, lugares y situaciones que entran y salen del torbellino despistando al silencio sordo que retumba en el interior, pero ella ya no sabe a qué tiempo pertenecen… Parece un viaje a Oz, aunque sin camino de baldosas amarillas.

Mi protagonista va rotando en un trayecto que no sabe si sube o si baja (no me preguntéis por qué desecha la horizontal). Desorientada, todavía puede pensar sin palabras en el hostión que se va a dar cuando acabe, a menos que esté subiendo y, simplemente, salga disparada hacia algún otro lugar que no sea el suelo (o el subsuelo). [Bien pensado, si tiene que acabar en el suelo, (anyway), mejor salir por arriba, así podrá disfrutar de una buena panorámica mientras cae (¿o está ya cayendo? —si no hubiera subestimado la horizontal no tendría este problema).]

No ve nada del exterior pero intuye que, por la violencia muda que se vive dentro, las consecuencias serán (¿ya son?) catastróficas. En el interior, las imágenes aparecen y desaparecen tan deprisa que la huella que dejan en su retina confunde los restos del sueño con los restos de la vida y, aunque todos ellos destilan un aroma familiar, es difícil saber a qué mundo pertenecen…  —¿el resto de un sueño, el sueño de una vida, la vida de un sueño o el resto de una vida?

Terca como una mula, mi protagonista intenta descubrir las que le pertenecen o, por lo menos, le pertenecían antes de que el huracán lo engullera todo. También trata de identificar aquéllas que no le pertenecen pero quiere que sean suyas… ¡Mierdas! Tanta vorágine le impide ver con claridad y ya no distingue nada; ni lo que tiene, ni lo que quiere, ni lo que no tiene y quiere, ni lo que tiene y no quiere… Mi protagonista necesita un asidero, pero no ve nada en el espejo y sólo puede vomitar.

Y la espiral «devoratodo» se hace cada vez más grande y ella cada vez más pequeña, hasta que desaparece dejando de recuerdo estas caóticas líneas que suenan así…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: