Mis muertos

Todos tenemos una lista de muertos que, con el paso del tiempo y para nuestra desgracia, va sumando nombres. Esta adición es imparable, y el precio que pagamos por estar vivos.

A mi lista se le ha añadido hoy un nuevo nombre. Una loca divina de cejas pintadas, tatuadas y vueltas a pintar. Mi tía más guapa. Chinchona, provocadora, descarada, deslenguada, pizpireta… adorable, tal vez porque no convivíamos, pero mi debilidad cuando nos hacía una visita.

La vida es así de puta, y a mi lista siempre añade los nombres que más duelen, para dejarme, cada vez y siempre, un poco más huérfana de mi familia.

Comprendí el dolor de la muerte a los 11 o 12 años, de la mano de un mal sueño que resultó ser cierto a la mañana siguiente. En el autobús de camino al cole, las palabras de mi madre esa mañana (La tita está muy malita) retumbaban en mi cabeza contra los llantos y la frase que había escuchado en su habitación de madrugada. Inocente de mí, creí que había sido eso, un mal sueño pero, cuando la cara de mi padre apareció por la puerta de la clase, mi inocencia se escapó por la ventana. No me dio tiempo a saber por qué la quería así que, simplemente, la quise como quieren los niños, sin porqués. Todavía, cuando paso frente a su casa, mi mirada se pierde en el séptimo piso donde vivía…

Después, o mucho después, murió mi abuelo. Una persona única e irrepetible. Una joya. Un señor, de bastón, gorro y largos paseos matutinos. Un libro de historia andante. Un regalo para mi memoria… Se fue y se llevó toda la luz de la casa (¿verdad, mamá?), así que ahora, cada vez que una bombilla da un petardazo, la parte de inocencia que aún no me ha abandonado me hace pensar que es él desde dondequiera que esté. Todavía hoy, cuando alguien entra a formar parte de mi vida, echo de menos que no pueda conocer a mi abuelo, y cada vez que me siento en la terraza de mi pueblo, la silla vacía de enfrente me recuerda el vacío que me dejó, aunque conserva el eco de sus historias (Roldán, del caballero Roland, originario de Francia…).

Poco después, a mi lista se le añadió un nuevo nombre. Una matriarca grande y Hermosa; una auténtica loba, para los que éramos sus cachorros, que siempre olía a hogar. Un amor instintivo y protector de grandes brazos para perfectos achuchones. Calor de brasero, jilgueros, bullicio, sitio para todos… humildad y sencillez en una grandiosa mezcla. La muerte le regaló, no sé si con acierto, la reverencia del tráfico de la calle General Ricardos, así que las prisas tuvieron que detenerse para que ella pasara. Rápidamente le acompañó mi tío, su complemento perfecto y un bello ejemplo de cómo es el amor cuando no cambia con el tiempo. Algo le debió quedar de la magia que otorga un nombre (no en vano se llamaba Gaspar) para reunirse con ella en cuanto pudo. Y yo, cada vez que pelo patatas con el único cuchillo que corta en mi cocina (y que él me regaló), tengo un pensamiento para ellos y el recuerdo de unas divertidísimas comidas donde siempre desaparecía el pan.

Mi lista de muertos, además, está salpicada de notas. Nombres que no figuran pero que también dejan su huella; una foto de la facultad, la última visita al veterninario, una conversación sobre el más allá, las sillas, cada año más vacías, en la terraza de la piscina de mi pueblo… que te recuerdan, también, lo que ya no va a poder ser nunca más.

Así que hoy, mis muertos son uno más. Y ya nunca más voy a escuchar a mi tía Ame, ni mi madre me va a poder decir que, cuando comunica durante una hora su teléfono, es que estaba hablando con ella, ni voy a poder disfrutar de su graciosa provocación, especialmente a mi padre, ni podré ser su cómplice en mi pueblo para irnos a tomar una copita por ahí, ni la escucharé contar cualquier cosa con esa gracia tan particular que a mí me volvía loca… Todo eso acaba de quedar escrito en mi lista y solo el sueño me podrá regalar su sucedáneo. No existe el consuelo para una atea.

La putada de la vida es que que mi lista irá añadiendo más nombres, hasta que yo misma sea un nunca más en el recuerdo de alguien…

9 comentarios to “Mis muertos”

  1. perro verde Says:

    Nunca comprendí el lo siento que rutinariamente se daba en los velatorios. ¿Qué sentían, la muerte del difunto o el dolor del al que se lo daban?
    Que quede claro que el mío va por ti.

    Un beso

  2. la7columna Says:

    Sepa que, desde esta mañana, ha adquirido usted el don de la omnipresencia.
    ¿Se puede estar en el Caribe y, a la vez, en un suburbio vallecano? ¡Por mi suegra que sí se puede!
    ¿Se puede una empachar de alguien sin conocerle? Te lo diré…

    Muchas gracias Perroverde.
    Otro beso,

  3. Como iba a negarme Says:

    No me gusta haberlo leído justamente ahora…..que acabamos de dejar a mi madre de la UCI. Qué mal presintimiento, mi otro yo.

  4. menchurol Says:

    Gracias por estos hermosos recuerdos que compartimos y, aunque ello conlleve un torrente de lágrimas, también la vida nos ha favorecido pudiendo tener a nuestro lado a esos seres “mágicos” que con su existencia, nos han enrriquecido como personas y se han hecho eternos en nuestros pensamientos.
    Aunque vas de atea por la vida ¿no piensas que ahora que no tiene con quien discutir, ni a quien gastar bromas, estará con Pa no dejándolo meter baza?.
    Lo importante de la muerte, es que, llegado el momento, alguien pueda escribir sobre ti algo tan bonito y a la vez sentido de corazón. Te quiero.

  5. la7columna Says:

    Nada de malos presentimientos, querida; llegado el momento, un corazón a pilas es lo mejor, si no, fíjate en los conejos de Duracell, ¡os va a faltar el aliento para seguir su ritmo!, ya lo verás. Un beso.

    Roldana, me los puedo imaginar perfectamente; atropellándose con las palabras el uno al otro y regalando vida dondequiera que estén… Definitivamente, somos afortunadas.
    Yo también te quiero, y mucho.

  6. Nata Says:

    Joder, Rasca, qué putada de entrada, coño…

  7. Nata Says:

    Me acabo de dar cuenta al leer lo escrito de que mi ausente habría dicho algo parecido, tan palabrotera como era. Se ha quedado un poco, por lo visto.

  8. la7columna Says:

    Un poco y más, Pica; ¡así lo he entendido yo de bien!, tu comentario, digo.
    :)

  9. Entiendo perfectamente lo que sientes porque nosotros también recientemente hemos tenido otro nombre. Lo curioso es que mientras él era consumido por el cáncer nosotros devorabamos la serie “dos metros bajo tierra” y el día que falleció nosotros habíamos visto este momento que te enlazo…no te importe verlo son maravillosos estos diez minutos…

    Ilustra perfectamente tu post y tus pensamientos. Tenemos que celebrar ese nuevo día que compartimos con los que queremos y tenemos, esa es la cara y la cruz de la vida. Entiendo tu tristeza del vacio que provoca. Lo importante es que siguen con nosotros en nuestro corazón, pensamientos y actos de cada día.

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