Archivo para marzo, 2010

Mis muertos

Posted in Uncategorized on 04/03/2010 by la7columna

Todos tenemos una lista de muertos que, con el paso del tiempo y para nuestra desgracia, va sumando nombres. Esta adición es imparable, y el precio que pagamos por estar vivos.

A mi lista se le ha añadido hoy un nuevo nombre. Una loca divina de cejas pintadas, tatuadas y vueltas a pintar. Mi tía más guapa. Chinchona, provocadora, descarada, deslenguada, pizpireta… adorable, tal vez porque no convivíamos, pero mi debilidad cuando nos hacía una visita.

La vida es así de puta, y a mi lista siempre añade los nombres que más duelen, para dejarme, cada vez y siempre, un poco más huérfana de mi familia.

Comprendí el dolor de la muerte a los 11 o 12 años, de la mano de un mal sueño que resultó ser cierto a la mañana siguiente. En el autobús de camino al cole, las palabras de mi madre esa mañana (La tita está muy malita) retumbaban en mi cabeza contra los llantos y la frase que había escuchado en su habitación de madrugada. Inocente de mí, creí que había sido eso, un mal sueño pero, cuando la cara de mi padre apareció por la puerta de la clase, mi inocencia se escapó por la ventana. No me dio tiempo a saber por qué la quería así que, simplemente, la quise como quieren los niños, sin porqués. Todavía, cuando paso frente a su casa, mi mirada se pierde en el séptimo piso donde vivía…

Después, o mucho después, murió mi abuelo. Una persona única e irrepetible. Una joya. Un señor, de bastón, gorro y largos paseos matutinos. Un libro de historia andante. Un regalo para mi memoria… Se fue y se llevó toda la luz de la casa (¿verdad, mamá?), así que ahora, cada vez que una bombilla da un petardazo, la parte de inocencia que aún no me ha abandonado me hace pensar que es él desde dondequiera que esté. Todavía hoy, cuando alguien entra a formar parte de mi vida, echo de menos que no pueda conocer a mi abuelo, y cada vez que me siento en la terraza de mi pueblo, la silla vacía de enfrente me recuerda el vacío que me dejó, aunque conserva el eco de sus historias (Roldán, del caballero Roland, originario de Francia…).

Poco después, a mi lista se le añadió un nuevo nombre. Una matriarca grande y Hermosa; una auténtica loba, para los que éramos sus cachorros, que siempre olía a hogar. Un amor instintivo y protector de grandes brazos para perfectos achuchones. Calor de brasero, jilgueros, bullicio, sitio para todos… humildad y sencillez en una grandiosa mezcla. La muerte le regaló, no sé si con acierto, la reverencia del tráfico de la calle General Ricardos, así que las prisas tuvieron que detenerse para que ella pasara. Rápidamente le acompañó mi tío, su complemento perfecto y un bello ejemplo de cómo es el amor cuando no cambia con el tiempo. Algo le debió quedar de la magia que otorga un nombre (no en vano se llamaba Gaspar) para reunirse con ella en cuanto pudo. Y yo, cada vez que pelo patatas con el único cuchillo que corta en mi cocina (y que él me regaló), tengo un pensamiento para ellos y el recuerdo de unas divertidísimas comidas donde siempre desaparecía el pan.

Mi lista de muertos, además, está salpicada de notas. Nombres que no figuran pero que también dejan su huella; una foto de la facultad, la última visita al veterninario, una conversación sobre el más allá, las sillas, cada año más vacías, en la terraza de la piscina de mi pueblo… que te recuerdan, también, lo que ya no va a poder ser nunca más.

Así que hoy, mis muertos son uno más. Y ya nunca más voy a escuchar a mi tía Ame, ni mi madre me va a poder decir que, cuando comunica durante una hora su teléfono, es que estaba hablando con ella, ni voy a poder disfrutar de su graciosa provocación, especialmente a mi padre, ni podré ser su cómplice en mi pueblo para irnos a tomar una copita por ahí, ni la escucharé contar cualquier cosa con esa gracia tan particular que a mí me volvía loca… Todo eso acaba de quedar escrito en mi lista y solo el sueño me podrá regalar su sucedáneo. No existe el consuelo para una atea.

La putada de la vida es que que mi lista irá añadiendo más nombres, hasta que yo misma sea un nunca más en el recuerdo de alguien…

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