Moldeando el tiempo

dali_relojes

Resulta curioso cómo el Tiempo, objetivamente constante, tic-tac, tic-tac, puede alargarse o acortarse tanto y de manera tan subjetiva; tic… … tac, … tic… … tac,  … tic… … tac, tictactictactictactictac.  Pero, aunque un segundo dure un segundo y una hora, sesenta segundos, como en el famoso cuadro de Dalí (La persistencia de la memoria, o Los relojes blandos), o como en la vida misma, pareciera que los relojes (con su tiempo) se amoldaran a nuestra propia circunstancia en formas imposibles, casi oníricas, pero que nos resultan tan familiares.

Así, quince minutos pueden hacerse aburridamente largos en la sala de espera del dentista (tic… … tac, el tiempo paaaaasaaaaaa muuuuy deeeespaaaacioooo) y, por el contrario, resultar fastidiosamente precoces en un asalto de cama (tictac, tictac, tictac, ¿ya?).

O una jornada laboral que puede parecer una vida y, cada segundo, durar un año. Pero una cena con amigos, futbolín y risas hacen que cada hora parezca un solo segundo.

Y es que, últimamente, desde que tengo más Tiempo no me da tiempo a nada. El tiempo pasa tan veloz que cuando me quiero dar cuenta llego tarde a cualquier lado y, una vez más, el tiempo ha pasado sin que yo me entere.

Por alguna extraña broma de la percepción, si una está bien el tiempo no pasa, se escapa literalmente de su propia dimensión temporal y deja de ser el tiempo que conocemos; las horas ya no son horas y duran tan solo unos segundos (y esa noche de placer se transforma en una breve y placentera cabezadita). Pero si estás mal, te aburres, o necesitas que el tiempo pase deprisa, este, insubordinado y díscolo, parece que se aferrara tanto a su propia dimensión que se estrangula a sí mismo para dejar de pasar (y el autobús tarda una eternidad de siete minutos, o el dentista no acaba nunca).

Hoy me gustaría encontrar la manera de moldear el tiempo, como los relojes de Dalí, pero al contrario de como lo percibo, que lo bueno transcurra de quedo y lo malo pase muy, pero que muy, rápido…

Mientras tanto, seguiré viviendo sin reloj.

Epílogo (Julio Cortázar. Historias de cronopios y famas. Relatos)

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

7 comentarios to “Moldeando el tiempo”

  1. Como iba a negarme Says:

    Imagino que recordarás aquel cuarenta cumpleaños en el que me regalasteis un reloj (bueno, dos)….pues me acorde de Cortazar cuando me lo puse en la muñeca!!! Y pensé: “debo mirar la hora la próxima vez que tenga una cita y asi no estropear la sorpresa…”

    Ya sabes una cosita más de mí aparte de qué me gusta mirar las gotas de la lluvia, qué es una crueldad inutil arrancar una hoja y qué siempre tenemos que tener una espina que nos puedan arrancar…. y es que Historias de cronopios y de famas me hizo ver muchas cosas de otro modo.

    Beso

  2. la7columna Says:

    ¿Dos relojes? Ummm, ¡maldito alemán! Qué buenos recuerdos de aquella cena… y qué bueno poder ir añadiendo nuevos ¿verdad?

  3. Mi estimada Watfletch, sepa que un servidor entiende y comprende con una perfección infinitesimal el razonamiento sobre el que gira su disertación de hoy. No puedo estar más de acuerdo. Ahora que tengo todo el día para mi, llego tarde a clase, al gimnasio, se me escapa el tiempo haciendo lo qeu más me gusta escribir, llevo un mes y medio escribiendo un monográfico y parecía que el teimpo volaba y que no me daba tiempo a finalizarlo a tiempo. Sepa que ahora que soy una especie de desperate housewife, el tiempo se me va de las manos, y de repente es lunes otra vez y llevo aquí un mes y medio, y parece que llevo 15 minutos. Así que tiene toda la razón del mundo, lo bueno passa rápido y lo malo lento, alguien debería ponerle riendas al tiempo.

  4. la7columna Says:

    ¡Mi querido Mr. Holmes! Qué grato placer cuando lo veo aparecer por mi humilde morada… ¿Cuándo dejarás de ser una “desperate housewife” (¡me encanta!) y podamos volver a vernos en este mundanal ruido que es Madrid? Besos, y si encuentras al otro lado del charco unas riendas que sirvan para contener el tiempo, acuérdate de servidora y me pillas unas ¿vale?

  5. perro verde Says:

    Llegué el último.
    Mi querida lagarta (¿o lo dejamos en casualidad?), a ver cuando te das cuenta de que el tiempo, tal y como nos han hecho creer que es, no existe.
    Si nos marcamos las cosas realmente importantes que nos quedan por hacer en esta vida (infinitésima parte del tiempo), nos daremos cuenta de cuanto nos sobra.

    Un beso

  6. perro verde Says:

    ¡Ah!.. Los atardeceres sin ti, se han hecho infotografiables.

  7. la7columna Says:

    ¿Cómo que sin mí? Si estoy aquí y aquí sigo… Un día fotografiaré un atardecer de Madrid; gracias a la polución (menuda ironía) pueden verse preciosos…

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