Archivo para octubre, 2009

Moldeando el tiempo

Posted in Uncategorized on 12/10/2009 by la7columna

dali_relojes

Resulta curioso cómo el Tiempo, objetivamente constante, tic-tac, tic-tac, puede alargarse o acortarse tanto y de manera tan subjetiva; tic… … tac, … tic… … tac,  … tic… … tac, tictactictactictactictac.  Pero, aunque un segundo dure un segundo y una hora, sesenta segundos, como en el famoso cuadro de Dalí (La persistencia de la memoria, o Los relojes blandos), o como en la vida misma, pareciera que los relojes (con su tiempo) se amoldaran a nuestra propia circunstancia en formas imposibles, casi oníricas, pero que nos resultan tan familiares.

Así, quince minutos pueden hacerse aburridamente largos en la sala de espera del dentista (tic… … tac, el tiempo paaaaasaaaaaa muuuuy deeeespaaaacioooo) y, por el contrario, resultar fastidiosamente precoces en un asalto de cama (tictac, tictac, tictac, ¿ya?).

O una jornada laboral que puede parecer una vida y, cada segundo, durar un año. Pero una cena con amigos, futbolín y risas hacen que cada hora parezca un solo segundo.

Y es que, últimamente, desde que tengo más Tiempo no me da tiempo a nada. El tiempo pasa tan veloz que cuando me quiero dar cuenta llego tarde a cualquier lado y, una vez más, el tiempo ha pasado sin que yo me entere.

Por alguna extraña broma de la percepción, si una está bien el tiempo no pasa, se escapa literalmente de su propia dimensión temporal y deja de ser el tiempo que conocemos; las horas ya no son horas y duran tan solo unos segundos (y esa noche de placer se transforma en una breve y placentera cabezadita). Pero si estás mal, te aburres, o necesitas que el tiempo pase deprisa, este, insubordinado y díscolo, parece que se aferrara tanto a su propia dimensión que se estrangula a sí mismo para dejar de pasar (y el autobús tarda una eternidad de siete minutos, o el dentista no acaba nunca).

Hoy me gustaría encontrar la manera de moldear el tiempo, como los relojes de Dalí, pero al contrario de como lo percibo, que lo bueno transcurra de quedo y lo malo pase muy, pero que muy, rápido…

Mientras tanto, seguiré viviendo sin reloj.

Epílogo (Julio Cortázar. Historias de cronopios y famas. Relatos)

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Dichosos trapitos

Posted in Uncategorized on 05/10/2009 by la7columna

Mi chico quiere transformarse en un señor. Ha renovado su armario para desterrar su eventual complejo de Ana Obregón, pero yo le digo que es suficiente con atarse los cordones de los zapatos; un señor es un señor, vista como vista.

Reconozco que a mí, alguna vez, también me ha asaltado la pesadilla/complejo de no vestirme conforme a mi edad y, de repente, me he observado en algún espejo (ajeno) y he pensado… Dios, Patricia, ¡vaya pintas llevas hoy mientras escuchaba el eco de la voz de mi madre, años atrás (o ayer mismo) diciéndome: péeeeeinate, arréeeeeglate. Como me acaban de regalar un espejo, cuando vuelva a asaltarme el dichoso complejo quiero pensar que, aun a lo Anita, seguiré saliendo a la calle vestida como me lo hayan pedido el cuerpo o las prisas (o igual salgo un día en pelotas a ver qué pasa).

En este mundo y esta época que nos ha tocado vivir no sé si desoír los consejos de mi madre es uno de los motivos por los que en el micromundo de la tiranía empresarial siempre me ha ido tan mal. Puede ser. Tengo una amiga empresaria que dice que no me contrataría en la vida, y en una ocasión (embarazada de seis meses, para más señas) un director de recursos humanos me dio el ¿inteligente? consejo de ser más femenina para ganarme a mi jefe y que este dejara de maltratarme… Y yo me pregunto: ¿Son necesarios traje y corbata, semejante facha y tales argumentos para llegar a ser director de recursos humanos de un grupo empresarial?

Y vuelvo a oír la voz de mi madre: peeeeéinate, arréeeeeglate… ¿Cuándo dejaré de oírla?

Hace unos días se publicó en la prensa una fotografía de la familia de Zapatero con Obama en Nueva York. He de reconocer que la foto de marras tiene, estéticamente, un punto cómico, sea por la pose de las góticas, por la falta de color de la misma (todo tan negro), las sonrisas de falsete o por todo a la vez, pero lo cierto es que, lo que no deja de ser una anécdota, por atrevida, divertida y ¿políticamente incorrecta? se transformó en portada de varios periódicos de tirada nacional y casi en asunto de estado. Y vuelvo a oír el eco de mi madre: peeeeéinate, arréeeeeglate, y entonces me acuerdo del jersey de Evo y, por supuesto, de que también tuvo su portada.

¿Quiere ser usted millonario?

¿En qué tipo de sociedad vivimos? (piensa antes de responder, en esta versión no existen comodines):

A) Fashion victim

B) Superficial

C) Ignorante

D) Cateta

E) Interesada

Y me pregunto, ¿acaso no van vestidas las niñas?, ¿están aseadas?, ¿saben comportarse?, ¿y expresarse?, ¿son críticas?, ¿reflexivas?, ¿educadas?, ¿leen?, ¿usan condón?… (si fueran mis hijas todo esto -y mucho más- es lo que me preguntaría y lo que me importaría).

¿Quién dicta las normas de cómo ha de vestirse y cómo no? ¿Por qué a una boda de tarde hay que vestirse de largo y a una de mañana de corto? ¿A partir de qué edad no se pueden usar calzas de rayas? ¿Por qué no hay campo sin trigo ni hortera sin pantalón amarillo?

Me gustaría saber por qué no van «adecuadamente» vestidas. ¿Cómo tendrían que haber ido? ¿Tal vez con una rebequita, sr. Copépodo, y una faldita de tablas, o mejor con un insípido traje de chaqueta?

Me gustaría saber por qué es tan importante cómo se viste la gente. ¿Tan sustancial es el trapo que lleves? Y ¿quién me dice a mí qué telilla es la correcta? Ummm, ¿cursito de protocolo? ¡Menuda y soberana gilipollez!

Le preguntaré a mi amiga por qué no quiere contratarme, si por sindicalista o por llevar calcetines de rayas… Mientras tanto, y para siempre, me quedo con la diversidad y con sentirse bien con uno mismo (eso sí, siempre que se pueda, aseadito).

No sé quien dijo una vez que lo esencial es invisible a los ojos