Huellas de vida

Como cada mañana después de desayunar, se dirigió al cuarto de baño mientras se desvestía para darse una ducha y comenzar el día. Pero ese día no tenía reloj y, a cambio, tenía tiempo. Ese día estaba sola así que se detuvo frente al espejo, desnuda, y se dedicó unos minutos, o quizá fueran segundos, tal vez horas…  Quién sabe si fueron miles, millones o billones los granos que atravesaron el orificio del reloj de arena en ese momento… es igual, hemos dicho que ese día no tenía reloj.

De pie, desnuda, miró de frente y vio una mujer, madura, en la que la imperfección era un rasgo hermoso.

Sus pechos no eran los de antes, carecían de ese orgullo quinceañero y arrogante capaz de desafiarlo todo, hasta la Ley de la Gravedad; por el contrario, su pecho, sin conservar la insolencia de la juventud, mantenía el orgullo, aunque transformado con los años en un desafío continuo a la vida misma.

Y cada estría de su pecho desprendía el aroma del calostro que sirvió para alimentar vida, la de sus hijos.

Cada estría era una señal de que esos pechos, sus pechos, destilaban plenitud; se habían transformado, dos veces, habían amamantado, a dos criaturas, seguían despertando el deseo de su compañero (quién sabe si el de alguien más) y, lo más importante, a ella le gustaban, así que no necesitaban de ninguna soberbia adolescente para mostrarse, sencillamente, arrebatadores.

Su vientre no era plano, como el de los anuncios, pero revelaba la voluptuosidad de cualquiera de las tres Gracias. Su tacto, suave y esponjoso, era la llave perfecta para regresar, por algún instante, a esa paz de la que nos despojan a los seres humanos al nacer; ella se olvidaba de todo recostada en el vientre de su madre y, ahora, sus hijos disponían también de ese refugio. Su vientre no era plano, no, era pleno; con esa plenitud que proporciona haber engendrado vida, y cada centímetro ¿de más? de su vientre representaba la única magia de la que dispone el ser humano, la Magia de la Vida.

Su rostro, con esas patas de gallo tan denostadas por ella misma le revelaba, con cada una de ellas y como decía su chico, una historia vivida, una sonrisa, un llanto, una sorpresa, un miedo, una emoción… una huella de vida.

Por todo ello, cuando esa mañana se tomó su tiempo para observarse, desnuda frente al espejo, vio a una mujer con huellas de vida, una mujer que desprendía vida por cada rincón de su piel; vida vivida y aún más por vivir.

Y se vio imperfectamente hermosa, y se gustó, y se sintió muy a gusto consigo misma…

Se duchó, se vistió (ropa cómoda, por supuesto, y calzado plano) y salió a la calle dispuesta a comerse el mundo. Y pensó… Si me siento así a los 34, cómo no me sentiré a partir de los 40… Entonces pensó en su oráculo y una pícara sonrisa se dibujó en su rostro…

10 comentarios to “Huellas de vida”

  1. tengonick Says:

    La mejor sonrisa es la que uno se muestra a sí mismo, y no esos rictus que vamos exhibiendo por ahí a veces.

  2. tengonick Says:

    Ups; lo olvidaba.
    Me quedo con ésta: http://www.youtube.com/watch?v=eAtSbJnFkGM

  3. Como iba a negarme Says:

    Creo que puedes imaginar como sentirás a partir de los cuarenta….no solo lo imaginas, lo sabes!!!
    Todas tus entradas sabes que me han gustado enormemente pero ésta me ha producido un grato escalofrio. Cómo me gusta que te gustes!!!
    Te quiero, AMIGA.

    P.D. Cuanto me alegra que hayas descolgado el cartel de “CERRADO POR VACACIONES”, te he añorado mucho.

  4. la7columna Says:

    ¡Hola pareja! Qué bueno encontraros a los dos cuando una está de vuelta :).
    Amigo ¿por qué hay que quedarse con alguna? En todo caso yo me quedo con casi todas de la McKennitt; la descubrí hace muchos años y, el año pasado, la disfruté en directo en el Conde Duque… ¡es la caña!. Besos.

    La suerte que tengo, Cómo iba a negarme, es que, gracias a mi oráculo, no lo imagino, lo SÉ ;) (suerte que tiene una). Y los escalofríos molan mucho, mucho, ya que, sin serlo, son lo más parecido a un orgasmo ¿no crees?, así que celebro que hayas disfrutado de la lectura. Un beso enorme (estés donde estés).

  5. tengonick Says:

    ¿Te acuerdas del Aqualung, en el paseo de la Ermita del Santo? fui a verla allí en un concierto el año… 94, creo. No la conocía de nada a la Loreena, y recuerdo que me costaron una pasta las entradas y que éramos cuatro gatos, pero esa noche descubrí algo raro acerca de la música; creo que fue la primera vez que simplemente me dejaba llevar por algo desconocido. Siempre había creído que la música me podría gustar o no principalmente porque me resultara familiar, pero en aquel concierto se me abrieron las orejas.
    Tienes razón, sin embargo; no se puede quedar uno con una sola canción; todas son extrañamente hermosas.

  6. tengonick Says:

    ¡Cobardes; me habéis dejado solo!

  7. la7columna Says:

    ¿Solo? ¿Cobardes? Pero, Halcón, ¡¡si estás en nuestros corazones y en nuestros pensamientos más íntimos!! Ja, ja, ja.

  8. Amiga mía, te hacia de vacaciones por lo que no me acerque antes por aquí.
    Me sorprendes con la descripción de esa mujer imperfectamente hermosa y te puedo asegurar, que no solo que has despertado mi deseo (no te quepa duda de que existe ese alguien mas), sino que así desearía fuera la mujer con la que sueño.

  9. la7columna Says:

    Gracias por tus palabras, Perroverde, pero ten cuidado con lo que sueñas porque puede hacerse realidad y, entonces, dejarías de ser ese asceta que le canta a la soledad… Un beso.

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