El día D

Llegó sin dejar tiempo para fantasear con el momento. Sabía que tarde o temprano ocurriría pero, siendo así de inesperado, no pudo más que vivirlo improvisadamente, sin ningún aderezo racional, aunque para nada insípido.

Se encontraron seis años atrás. Ella, al principio, no disimuló sus reticencias pero, poco a poco, se dejó llevar y comenzó a darse. Había ilusión en sus ojos, entrega en su determinación, no existía ningún miedo al esfuerzo y se sentía con la misma expectación que produce andar los primeros pasos de un nuevo camino. Pasaron muchas horas juntos, incluso restadas a su propio tiempo, para estar allí y construir algo. Y dio lo mejor de sí; con ilusión, con alegría, con empeño, esfuerzo y mucho gusto.

Poco a poco, comenzó a darse cuenta de que algo no funcionaba bien y perdió el brillo en su mirada (pero de eso, no se dio cuenta hasta mucho más tarde). No es que ella fuera valiente, nadie está libre del miedo (tan democrático él), pero pudo percibir que una palabra en alto, una reflexión incómoda, allí no eran bien recibidas; no obstante, jamás dejó de expresarse, desde un respeto y unos principios que descubrió unidireccionales. Comenzó entonces el maltrato. (¿Desde cuándo asusta la diferencia?).

Los sueños rotos; añicos de ilusiones esparcidos por el suelo que pisaba cada mañana, afilados, afiladísimos, que cortaban a su paso la piel de sus pies sensibles, de su piel desnuda. A pesar de las heridas, no en vano nació en agosto y era leona, siguió caminando firme… y flexible o, como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Resistiré, era su lema, pero cada mañana, cuando se levantaba y se miraba en el espejo, la imagen que este ofrecía era el de una mujer cada vez más envejecida, más triste y más demacrada o, lo que es lo mismo, la imagen de una persona infeliz.

Como la mayoría de personas maltratadas, albergaba la esperanza de que la situación cambiase y, como la mayoría de personas maltratadas, estaba equivocada. Aunque en el infierno de vez en cuando sople brisa que refresque, jamás se apagará el fuego que lo hace sofocante. El infierno es y será siempre el infierno.

A la decepción y a los sueños rotos, nacidos y muertos en ella, hay que añadir las traiciones, las intrigas, las puñaladas traperas, el acoso y el castigo que recibió de manera totalmente gratuita, y sus consecuencias, el hastío, la tristeza, la depresión, la anulación, la ansiedad, el dolor, el llanto, las náuseas, la frustración y el brillo en la mirada que se fue. El sentimiento de impotencia frente a esa injusticia tan injusta, cuando quieres poder pero tú sola no puedes y, si buscas, no encuentras; cuando te calzan esa camisa de fuerza, inevitablemente, el brillo en la mirada se va y te abandona también.

Y cuando estás tan sola que ni siquiera te tienes a ti misma, de repente un día, todo se acaba (o todo comienza). Hay que tener amigos hasta en el infierno y, al responsable de ello, desde aquí se lo agradezco.

El día D es el día en que me divorcié de esa «singular» empresa.

Salí sin mirar atrás y allí lo dejé todo. Me llevo una AMIGA y un secreto y eso, vale más que cualquier maldad que haya quedado allí.

A mi amiga, mi amiga del alma, mi angelita de la guarda, me la quedo para siempre y, solo por eso, ha merecido la pena pasar allí seis años de mi ¿vida?. Gustosamente volvería a pagar el precio de un calvario así por conocerla y hacerla mía. Ella es bombera, como yo (y ambas somos de bolsillo), y juntas tratamos de apagar inútilmente el fuego de ese infierno pero, aunque no lo conseguimos (la misión, como la peli, era imposible) a más de un demonio se le helará siempre la sangre con el eco de nuestras risas, nuestros encuentros furtivos (rosarios de cuentas de seis minutos) y nuestra felicidad compartida. Amiga, amiga del alma, ahora solo deseo que tú también salgas de allí y nos convirtamos en dos  estupendas «divorciadas»  que se van de farra por ahí a ejercer sus derechos ;). Te quiero muchísimo.

Ahora comienza otra historia, de futuro incierto pero vivida con la misma expectación que produce andar los primeros pasos de un nuevo camino. Siempre he tenido, y mantengo, alma de exploradora así que el brillo en la mirada me acompaña de nuevo…

(En La séptima columna –de orden dórico- cerramos por vacaciones. No obstante, seguiremos soñando, riendo, llorando, entrando y saliendo, o sea, viviendo, para poder estar con ustedes a la vuelta y seguir compartiendo estos momentos, todos bellos por ser VIDA).

EPÍLOGO (no tiene desperdicio)

Patricia vuelve a casa con Alejandro, su hijo de 6 años. Ha pasado un día muy malo y escucha un mensaje que le han dejado en su buzón de voz. Aunque la noticia sea el mejor de los regalos que podría recibir para su cumpleaños, el vértigo que le produce la inmediatez de lo repentino le conduce al llanto.

Se sienta en un banco y, mientras su hijo juega a que es Lucke Skywalker, se suena los mocos y, cómo no, llama a su amiga del alma. Después de la conversación, se montan en el coche y regresan a casa.

Mamá va llorando delante y Ale, que ya no juega a batallas espaciales le pregunta (y aquí aclaro, para poder visualizar mejor la situación, que en ningún momento de la conversación que a continuación se reproduce, mamá para de llorar):

– Mamá, ¿te han despedido?

– Sí, hijo.

– Y eso, ¿qué es?

– Pues que, a partir de ahora, cuando te vayas de excursión en el cole, podré quedarme en la puerta a ver como subes al autobús.

– ¡Guay! ¿Y a la vuelta también?

– Sí hijo, a la vuelta también. (Recordad, sin parar de llorar, hipar y moquear mientras conduce camino a casa).

– ¡Bien!

– Y que, cuando te pongas malito, no tendré que llevarte a casa de los abuelos y te podrá cuidar mamá…

– ¿Y podemos ir a la Warner?

– Puede…

– Oye mamá…

– Dime.

– ¿A papá también le van a despedir?

Y a la mañana siguiente, era él quien me metía prisa, no fuera a llegar tarde y al final no me despidieran…

¡FELICES VACACIONES!


6 comentarios to “El día D”

  1. Como iba a negarme Says:

    Amiga, no puedo decirte nada que no te haya dicho ya, ni que tu no sepas.
    Me alegro tanto de tu “divorcio”, como me apena la soledad que me deja y yo también deseo que me llegue pronto ese día, pero quiero que sea el dia V, de viudez: no quiero dejar ni una posibilidad, por pequeña que sea, de vuelta.
    TQM. Besos

  2. Anónimo Says:

    Querida… (No quiero creer que lo nuestro sea casualidad, así que te tendré en mi imaginación sin nombre, por ahora), en un escrito describes una situación y un entorno sin historia, y en el siguiente una historia desgarradora que puñetera falta le hace el entorno. No te conozco lo suficiente para saber si eres la protagonista, aunque todo apunta a que si. Lo bonito de la misma que saliste de esa maldita situación, tan maldita que otra que para mi es un drama, como el del paro, parece la tomas a chacota.
    No me entra en la cabeza que en este mundo existan seres tan depravados, pero existen, y tan es así, que alguien muy cercano a mi lo sufre.
    Repito no me gustaría que fueras la protagonista, pero en caso de que lo fueras, dale un abrazo de mi parte a tu hijo. Tengo la sensación es igual de inteligente que la madre.
    Saludos a tu amiga.

    Te devuelvo ese beso tan especial que me diste

  3. la7columna Says:

    Amiga, como siempre, tienes razón, y en este caso nos sienta mejor la V de Viudas Alegres, ja, ja, ja. Estoy de paso, ya tú sabes, te llamo esta noche y nos vemos ¿vale?
    Mi anónimo (des)conocido (¿casual?, ¿causal?), soy la prota, sí, y aunque haya ingresado en las estadísticas del INEM, me siento liberada. Dicen que cuando se cierra una puerta se abre una ventana… pues yo he cerrado la tapa del wáter y he tirado de la cadena, así que me siento liviana, ligera y poderosa y sé que, a partir de ahora, pedalearé cuesta abajo por un tiempito… Eso sí, a veces me pregunto: ¿a quién odiaré ahora?
    Un beso fuerte para los dos en este breve paréntesis cerca del ciberespacio. Muac.

  4. Como iba a negarme Says:

    Un añito ya con la gusanita en mi mesa…. sin día D, sin día V….
    Un añito ya y sigo echandote de menos en aquel singular infierno todos los días.

    Beso

  5. la7columna Says:

    Aunque no sea una V de viudez, cada uno de esos días es una V de victoria, querida, porque jamás podrán contigo y se lo recuerdas, con tu presencia, cada mañana. Y eso que no saben todavía lo de nuestros desayunos, ;).

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