Cuarto y mitad de egoísmo

Camarero, póngame cuarto y mitad de egoísmo… Y éste es el menú que el camarero le trajo:

– Entrante: sorbete de lágrimas

– Primer plato: ensalada de hipos y llantos

– Segundo plato: estofado de tristeza con salsa agridulce

– Postre: soufleé de dolor de cabeza y mocos

(pan, vino y café)

La peculiaridad del restaurante al que acudió aquella noche a por su ración de cuarto y mitad de egoísmo es que sus recetas se preparan con la materia prima del propio comensal, por lo que el sitio resultaba ideal para ella y para ese momento.

Llegó pronto, pues quería disfrutar sin prisas de «su» cena y, aunque era un garito poco concurrido, siempre podía pasar que un grupo de despistados apareciesen sin saber adónde acudían, estropeando, con su presencia, la digestión de tan particular menú.

El camarero ya la conocía, puesto que muchas noches cenaba allí. Venía siempre sola, y saboreaba los platos con una cadencia que el camarero pocas veces había observado en otras personas. Por ello, y por sus buenas propinas, era fácil acordarse de ella.

Empezó con los entrantes; el sorbete, como siempre, exquisito. Las sales minerales eran capaces de proporcionar el estómago adecuado para esa digestión tan peculiar. Enseguida, el primer plato, sin haber terminado el anterior (¡siempre pasaba lo mismo!). Entre el primero y el segundo, como siempre, el espacio de tiempo suficiente para dejar el vacío necesario y poder digerir el plato principal. Y el postre, como siempre también, lo que peor le sentaba.

Dejó el dinero sobre la mesa, no era necesario pedirle la cuenta al camarero, puesto que sabía de antemano el precio del menú. Se levantó lentamente, dejó la servilleta (mojada) sobre la mesa y, con una tímida sonrisa, se despidió y salió del local sin mirar para atrás.

El camarero, que la conocía, pensó para sus adentros: Como siempre, se cree que no va a volver y lo que todavía no sabe es que esa mesa es su mesa y ese menú, su menú, de hecho, este sitio existe sólo por y para ella…

(Lo que no sabe ese camarero, que tanto me conoce, es que si no miro para atrás es, precisamente, porque no necesito guardar ninguna imagen, porque sé que voy a volver, porque quiero que mis lágrimas sean todas para mí, mi tristeza sólo mía, mis llantos los escuche sólo yo y nadie más me suene los mocos. Soy egoísta, sí, egoísta de cuarto y mitad, exactamente lo que pesa la tristeza en mi interior.)

5 comentarios to “Cuarto y mitad de egoísmo”

  1. Como iba a negarme Says:

    Ya me contarás dónde está ese restaurante, y si algún día a esa clienta habitual le apetece que alguien le suene los mocos, dile donde estoy.

  2. la7columna Says:

    El garito está en pleno centro, ahora ¿de dónde? Eso solo lo sabe cada uno/a…

  3. Dicen que hay otro garito donde el menu se compone de risas , lágrimas de felicidad y sensacion de alegría permanente . Se que existe pero lo busco en las páginas amarillas y no lo encuentro , igual esta como dices en la zona centro . ¿Podriamos ir juntas a buscarlo ?.

  4. la7columna Says:

    A ese otro tipo de garitos siempre es mejor ir acompañada… ¿Te parece bien el domingo? ;)

  5. perfecto!!!! creo que el garito sabe a margarita…..
    mil besos .

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