Archivo para julio, 2009

Lucha

Posted in Uncategorized on 28/07/2009 by la7columna

¿Cómo luchar contra una misma cuando el campo de batalla es la piel?

Si se envenena la sangre, con el enemigo dentro, se puede sentir cómo, a cada paso de las tropas, al adversario, o sea, a una misma, comienza a picarle todo tanto que no puede sino rascarse, una y otra vez; cada vez más fuerte y con más ansia, en un intento inútil de liberarse del veneno inoculado, o sea, de una misma, a través de la sangre que empieza a brotar.

Pero el dolor no alivia, tampoco la sangre purifica, así que la batalla se transforma en una espiral que va del placer al dolor, del placer al dolor, del placer al dolor… hasta que se termina transformando, únicamente, en un círculo de dolor, y lesión, y (auto)destrucción, que arrasa el campo de batalla, o sea, una misma.

Al final, un cuerpo destrozado, lleno de heridas, costras y cicatrices que recuerdan la batalla perdida, y la mente exhausta, incapaz de recordar ya el origen de la contienda pero sintiendo, todavía, el mismo dolor (y picor) tan insoportable…

La piel, como el algodón del anuncio, no engaña. Y si te estás desgarrando por fuera, algo turbio debes tener dentro; sea algún tipo de parásito inoportuno, o sea que te ha(s) tendido una emboscada, el campo de batalla no era la piel, era la trampa, y la guerra se está librando en el interior; o tal vez sea que tú eres tu propio parásito y te envenenas, confundes y agredes a ti misma… De cualquiera de las maneras, estás perdida…

(Patricia contra Patricia)

Y la guerra, como siempre, carece de música,

bueno sí, voy a preguntarme, en esta contienda,

¿dónde está mi mente?

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Cita en el Barbieri

Posted in Uncategorized on 24/07/2009 by la7columna

Acudió a la cita con antelación. Quería disfrutar de la espera, saborear el momento e ir preparándose poco a poco para su llegada. Quería ser la anfitriona; de hecho, lo era, estaban en su ciudad, pero quería ser ella quien lo recibiera a él, darse esa pequeña ventaja.

Habían escogido el café Barbieri para su encuentro; bueno, en realidad lo escogió ella porque él no conocía Madrid. Siempre le había gustado el romanticismo de su decadencia. El tiempo, con sus historias, deja siempre una huella, y el Barbieri está lleno de ellas. Techos altos, pinturas descoloridas, rosarios de desconchones. Estilo. Grandes ventiladores de tres aspas, espejos casi opacos ya por todos los años de atesorar reflejos… Pronto se sumaría uno nuevo, el de ellos dos.

Se sentó en una mesa del fondo, junto a la ventana. Siempre le habían gustado los Cafés con grandes ventanales por los que mirar la calle, sobre todo en días de lluvia. Se podía pasar un tiempo, siempre indeterminado, extasiada, hechizada, viendo las gotas caer. Seguir la trayectoria de cada una por el cristal, los giros inesperados para hacerse cada vez más grandes al sumarse a otras, ganar velocidad, y caer con una rapidez ya inquebrantable, a diferencia de esas otras gotas, aisladas, estáticas, incapaces de atraer o dejarse arrastrar. ¿Qué cabe en una gota de lluvia?… Esa tarde llovía también.

Escogió La espuma de los días para compartir la espera, quizá porque ese momento y ese libro compartían el mismo aire inocente y onírico. Boris Vian lo escribió durante un viaje en tren y ella pensó que, tal vez, el día que lo hizo también llovía y él, entonces, habría podido ver las mismas gotas de lluvia en las ventanas del tren que ella, ahora, estaba mirando… e hizo una foto mental del momento. Definitivamente, había sido un acierto llegar antes de tiempo a la cita.

No solía beber alcohol pero el cuerpo le pedía un gin-tónic, así que le hizo caso y se pidió uno, pero como le gustaba a ella, con tres rodajas de limón.

Se encendió el imprescindible cigarrillo. Primera calada. Los hilos de humo, con su ascenso, dejaban una huella más de decadencia en el lugar. Otro olor. Otra presencia más. Como ella… Se salió de sí misma y le gustó tanto la estampa, que sintió que se sentía como hacía mucho tiempo. Tanto como es nunca. Durante ese momento, se olvidó de él.

—¡Hola!, ¿eres Ana?

Ella se sobresaltó, no estaba preparada para un asalto tan repentino. Cuando ni siquiera había vuelto del todo en sí misma le contestó:

—¿Miguel?

Y a la sonrisa de Miguel se unió la de Ana y, en esa mirada, se lo dijeron todo…

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A Miguel no le costó mucho encontrar el café. Llevaba en el bolsillo de su pantalón un planito, dibujado a mano, que ella le había enviado junto con algunas indicaciones y referencias. Metro Lavapiés (linea amarilla), calle Ave María, la de la derecha si te pones de espaldas a la plaza y al teatro Valle Inclán. En seguida, en la acera de la derecha, hace esquina…

Entró y, al momento, la reconoció. Un incierto magnetismo hizo que el primer lugar donde mirara fuera la mesa que ella había ocupado. Un vistazo rápido al resto del local y, sí, definitivamente tiene que ser ella.

Como ella, decidió también tomarse su tiempo, saborear el momento, en este caso, de ver sin ser visto. Se sentó en una esquina de la barra, se pidió una cerveza y la observó. Le gustaba cómo inclinaba la cabeza cuando dejaba el libro que estaba leyendo, abierto hacia abajo sobre la mesa, y se quedaba unos instantes mirando por la ventana. Juraría que cuenta las gotas, pensó. Y no estaba equivocado…

Le hubiera gustado quedarse más tiempo así, observándola, y maldijo haber llegado con el tiempo justo. No quería hacerla esperar. Era la primera vez que se veían.

Avanzó con paso firme pero pausado, tratando de alargar el tiempo que se tarda en recorrer unos quince metros. La perspectiva, cada vez más cercana, le ofreció la imagen de una mujer hermosa. Más de lo que había imaginado.

—¡Hola!, ¿eres Ana?

Y Ana dio un respingo. Marcó el lugar donde interrumpió la lectura doblando la esquina superior de la hoja (Me encantan los libros con huellas de vida), dejó el libro sobre la mesa y contestó:

—¿Miguel?

Y a la sonrisa de Miguel se unió la de Ana y, en esa mirada, se lo dijeron todo…

————————

Ana y Miguel ya se conocían antes de conocerse pero, cuando se conocieron,  ya no pudieron separase nunca…

(el café Barbieri es testigo de ello)

http://www.goear.com/listen/1bd4ecb/Minueto-de-Boccherini-Cuarteto-de-Cuerda—Elvira-Cardenas

Cuarto y mitad de egoísmo

Posted in Uncategorized on 22/07/2009 by la7columna

Camarero, póngame cuarto y mitad de egoísmo… Y éste es el menú que el camarero le trajo:

– Entrante: sorbete de lágrimas

– Primer plato: ensalada de hipos y llantos

– Segundo plato: estofado de tristeza con salsa agridulce

– Postre: soufleé de dolor de cabeza y mocos

(pan, vino y café)

La peculiaridad del restaurante al que acudió aquella noche a por su ración de cuarto y mitad de egoísmo es que sus recetas se preparan con la materia prima del propio comensal, por lo que el sitio resultaba ideal para ella y para ese momento.

Llegó pronto, pues quería disfrutar sin prisas de «su» cena y, aunque era un garito poco concurrido, siempre podía pasar que un grupo de despistados apareciesen sin saber adónde acudían, estropeando, con su presencia, la digestión de tan particular menú.

El camarero ya la conocía, puesto que muchas noches cenaba allí. Venía siempre sola, y saboreaba los platos con una cadencia que el camarero pocas veces había observado en otras personas. Por ello, y por sus buenas propinas, era fácil acordarse de ella.

Empezó con los entrantes; el sorbete, como siempre, exquisito. Las sales minerales eran capaces de proporcionar el estómago adecuado para esa digestión tan peculiar. Enseguida, el primer plato, sin haber terminado el anterior (¡siempre pasaba lo mismo!). Entre el primero y el segundo, como siempre, el espacio de tiempo suficiente para dejar el vacío necesario y poder digerir el plato principal. Y el postre, como siempre también, lo que peor le sentaba.

Dejó el dinero sobre la mesa, no era necesario pedirle la cuenta al camarero, puesto que sabía de antemano el precio del menú. Se levantó lentamente, dejó la servilleta (mojada) sobre la mesa y, con una tímida sonrisa, se despidió y salió del local sin mirar para atrás.

El camarero, que la conocía, pensó para sus adentros: Como siempre, se cree que no va a volver y lo que todavía no sabe es que esa mesa es su mesa y ese menú, su menú, de hecho, este sitio existe sólo por y para ella…

(Lo que no sabe ese camarero, que tanto me conoce, es que si no miro para atrás es, precisamente, porque no necesito guardar ninguna imagen, porque sé que voy a volver, porque quiero que mis lágrimas sean todas para mí, mi tristeza sólo mía, mis llantos los escuche sólo yo y nadie más me suene los mocos. Soy egoísta, sí, egoísta de cuarto y mitad, exactamente lo que pesa la tristeza en mi interior.)

¡Felicidades!

Posted in Uncategorized on 20/07/2009 by la7columna

Soy una persona afortunada.

Conozco a una mujer que existe en mi vida desde hace tiempo; concretamente, desde antes de que yo naciera.

Y aunque, por una broma de la genética, no nos parecemos mucho, compartimos algo mucho más fuerte que las Leyes de Mendel, compartimos la esencia, a través de un hilo invisible pero indestructible.

Es una mujer fuerte, como el orden dórico que querría yo ser,

Es una mujer positiva, capaz de transformarlo todo en una enseñanza,

Es una mujer inteligente, capaz de ver más allá de lo obvio,

Es una mujer culta, capaz de enriquecerte en cualquier conversación,

Es una mujer generosa, entregada a los que ama,

Es una mujer hermosa, muy hermosa…

Una persona que, por todo ello, ha sido, es y será siempre un modelo para mí.

Una persona que merece mucho más de lo que tiene y, aun así, conserva intacta una vitalidad y una alegría que, generosamente, comparte con todos nosotros.

Ha sido un potenciador cuando era pequeña, la guía en mi adolescencia y el muro de contención en mi adultez.

Y siempre, siempre,  es mi refugio… o ese lugar donde una puede volverse chiquitita, tenga la edad que tenga, y sentirse a salvo.

Con ella he aprendido a ser como soy y, sin ella, no sería nada.

Soy una persona afortunada por tener la madre que tengo, y solo espero que, en esta vida, pueda devolverla algún día la mitad de lo que, de ella, he recibido.

¡Muchas felicidades, mami! Te quiero y te deseo toda la felicidad que te mereces hoy, y todos los días.

Te regalo una canción que, tiempo atrás, me regalaste tú a mí, arrancándome todas las lágrimas que necesitaba llorar.

Un beso.

http://www.goear.com/listen/95308be/Por-ti-Ella-baila-sola

¿«Very Important People»?

Posted in Uncategorized on 13/07/2009 by la7columna

Recientemente he descubierto que, si quiero, puedo convertirme fácilmente en una persona VIP o, en palabras de la RAE, en una persona que recibe un trato especial en ciertos lugares públicos por ser famosa o socialmente relevante. Eso es, como famosa no soy, puedo convertirme en alguien socialmente relevante y recibir un trato especial en ciertos lugares públicos, y os preguntaréis:

Para eso, ¿qué se necesita? Pues qué va a ser, a un «poderoso caballero». Parece ser que el dinero ya te permite recibir ese trato especial en lugares más allá de la clase bussines, se ha ¿socializado? hasta traspasar lo de ciertos lugares públicos y ahora resulta necesario establecer esa diferencia para poder sentirnos especiales, precisamente, en cualquier lugar porque, si el trato especial se conviertiera en un bien «igualitario» y se ofreciera a todo el mundo por igual, dejaría entonces de existir el concepto y, entonces, todos seríamos iguales y, la igualdad, parece ser que no mola para unos y, por supuesto, no es rentable para otros.

Y ahora os preguntaréis:  ¿cuáles son esos lugares públicos?

En el cine tengo la posibilidad de, por tan solo ¡1.20 € más!, sentarme en una butaca vip y convertirme durante dos horas en una persona que recibe un trato especial. Pero ¿cómo son esas butacas? Realmente son las mismas de siempre, pero alguna mente muy, pero que muy, lúcida y preclara, ha considerado que si en una sala de 11 filas, de la fila 8 a la 11 se ve mejor la pantalla, se podría pagar más por sentarse donde siempre y convertir a un simple «alguien» en «alguien vip» por sentarse en ellas; aunque sean las de siempre, en la misma sala y con la misma película. Eso sí, al iluminado no se le ha ocurrido bajar el precio, por ejemplo, de las fila 1 a la 4, o de los laterales, y con ello, evitar el insulto a la inteligencia que supone la tomadura de pelo de su propuesta.

En el parque Warner tengo la posibilidad de, por tan solo ¡20 € más!, adquirir mi entrada «correcaminos» (si no se han agotado) y no tener que esperar cola. Me ponen una pulserita de otro color para diferenciarme del resto y, mientras veo las colas que guardan los «alguien» que han pagado solo 37 €, paso a su ladito sintiéndome muy, pero que muy, «vip». Yo pago más y paso antes, ellos pagan lo de siempre pero esperan más (en este caso al iluminado -primo hermano del anterior- tampoco se le ha ocurrido bajar el precio de la entrada normal, en la misma medida en que se disminuye la calidad del servicio que ofrecen al aumentar el tiempo de espera).

Además, como (pagando el suplemento correspondiente) también puedo aparcar el coche más cerca de la entrada, en el aparcamiento vip, puedo entonces convertirme en alguien vip total.

Y ahora os preguntaréis: y todo eso ¿para qué?

En definitiva, que con una vida gris y mediocre, asfixiados por la hipoteca pero con casa en propiedad, coche nuevo y tele de plasma, tres de los pilares sin los cuales un ciudadano de aquí y de hoy no sería nada ¿?, podemos además, pagar más por lo mismo pero sentirnos vip;

O que somos, definitivamente, la clase de gilipollas enajenados que el sistema necesita para poder mantenerse y mantener los privilegios de otros que no son estos «vip» de los que hablamos…

¡Qué bien pensado está todo! y, desde luego, ¡cómo tragamos!

¿Cuánto gana quien gana vendiéndonos el aire?

¿Qué ganamos nosotros?

¿Qué pierden los demás? ¿Qué perdemos todos?

En fin, que tenemos lo que nos merecemos…

Las suegras

Posted in Uncategorized on 08/07/2009 by la7columna

Estaba yo el otro día viendo un programa sobre madrileños por el mundo, concretamente por Delhi, cuando me sorprendió el detalle de que existen multitud de mujeres en India que mueren a mano de sus suegras con el fin de que el hijo se vuelva a casar y recuperar, así, una nueva dote. La verdad es que aluciné con todo el documental, la forma de vida, las costumbres, la gente… pero esta insólita característica de las suegras hindúes me dejó completamente aturdida.

Porque las suegras… las suegras… es un hecho evidente que son una especie aparte, y que da igual cómo seas como mujer, porque una cosa es ser mujer y otra muy distinta ser «suegra».

La suegra es una mujer que ha evolucionado (o involucionado) a un estado primitivo en el que la pasión más arcaica domina a la razón más sutil. La suegra, al nacer, abandona todos sus instintos a favor del único, del grande, del mayor, que es el de «proteger a su vástago» de su mujer; porque las suegras, al nacer, dejan de ver a su nuera como otra mujer y pasan a verla como una lagarta.

A partir de ese momento toman conciencia de que su «hijito» va a ser suegrita2cuidado por otra, y que esa otra no lo va a hacer igual de bien que ellas. El problema de las suegras es que parecen desconocer que su «hijito» es ya un hombretón con los güevos bien negros (perdónenme, suegras del mundo, la expresión) capaz de cuidarse de sí mismo, y que nosotras, sus nueras, no somos sus madres (aunque a veces lo parezcamos), sino sus mujeres, compañeras, esposas, amantes, parejas… lo que sea menos sus madres.

Luego están las visitas. Las visitas de las suegras son un capítulo aparte. Como el «niño» es suyo pareciera que, por extensión, el resto también lo essuegra, o sea, la casa, los nietos (si los hay), la decoración, la colada… Y reconozco, malsanamente, que a veces esta cualidad de las suegras viene muy bien, pero no tanto como para tener que estar llamándola los siguientes dos meses porque no sabes dónde te ha re-colocado loquequieraquesea.

Pues eso, que si las suegras son un caso aparte, las suegras hindúes superan el límite de lo aceptable y, en su caso, no hay nota de humor con la que pueda terminar esta entrada, tan solo mi repulsa más absoluta ante el esperpento de su violencia.

Y al resto de las CA05IJSLsuegras, en especial a la mía y con mucho hu-a/mor, que revisen el ticket porque, a lo mejor, su «hijito» está todavía en garantía y el día menos pensado se lo devolvemos…

Fdo.: ¿La nuera «ideal»?

Un viaje

Posted in Uncategorized on 07/07/2009 by la7columna


Esta entrada es la promesa de un viaje. Un viaje a un lugar donde jamás has estado antes y a otra realidad que, no por diferente, es menos real que cualquiera de los lugares que hayas visitado en tu vida, de cuerpo, o con tu alma. Es un viaje de esencias…

Y no has de llevar equipaje, puesto que el equipaje es uno mismo. Y te puedo asegurar que regresarás más liviano, más ligero, más sereno, que antes de la partida, pero también más lleno. Más lleno de esencias…

Y no has de hablarme, como tampoco te hablaré yo a ti, porque donde te quiero llevar no sirven las palabras. Recuerda que, aunque quieras, no has de hacerlo, porque no voy a entenderte, no así. Tampoco escucharás una palabra salir de mis labios, porque donde te quiero llevar los labios se utilizan para otra cosa y el lenguaje no se articula a través de ellas. El lenguaje es de los sentidos…

Y no has de pensar; donde vamos tampoco se piensa porque, con cada pensamiento, se avanza un paso en el camino de vuelta, pero antes de tiempo. El pensamiento se reserva al vacío, para poder sentir el deleite como valor absoluto. Sentir en esencia…

Sé que no es fácil, pero si conseguimos liberarnos del equipaje, de las palabras y los pensamientos, te garantizo que el lugar donde te quiero llevar no lo olvidarás en la vida. Recuerda, un viaje sin equipaje…

Y luego, de vuelta, toda volverá a ser igual pero será diferente; porque tú no serás el mismo como yo tampoco seré la misma; eso sí, ese lugar, ese mágico lugar donde no caben palabras, ni pensamientos, ni cualquier otra realidad más allá de ese instante, donde el lenguaje es otro y el sentimiento uno, desaparecerá para siempre pero sabremos que un día estuvimos en él y, para siempre también, permanecerá en nuestra retina como todos aquellos saberes, sabores, olores, sonidos, placeres, dolores… que nos han marcado, nos marcan y nos seguirán marcando por el resto de la vida, y que nos permiten poder seguir viajando ligeros de equipaje para andar el camino. Sin miedo, sin prisas…

A ese lugar, a ese asombroso lugar, solo puedo viajar contigo…