Parábola de la rusa intrépida y el vividor descuidado

 
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (¿o no?)

Los protagonistas de esta singular historia son una rusa intrépida (Camarrrada Vayavaya Trrrivoda) y un vividor descuidado (Sr. Miratú Quémoreno).

Érase que se era una «singular» empresa (pongamos que la de ayer) donde Miratú Quémoreno era el rey, qué digo el rey, se había convertido en el mismísimo Dios tras acabar con el Sr. Mishabasdessalamanca Ytoloquetrinco gracias a la inestimable ayuda del trío Lalalá y el apoyo logístico de una misteriosa tribu hindú.

En el pequeño mundo que había conseguido gracias a la increíble habilidad de encantador de serpientes que aprendió cuando tenía un puesto en el mercadillo de Tánger, ciudad de la que era originario, levitaba aquí y allá (porque no caminaba, levitaba), haciendo y deshaciendo a su antojo, y todas las noches le preguntaba a su espejito:espejito1

— Espejito, espejito, ¿quién es el más sabio del reino?

— Tú mi señor, y además de sabio, moreno—. Le respondía cada noche el espejo.

Miratú Quémoreno vivía tiempos felices en su reino. No era justo, no era sabio, no era «ICCP», pero el pueblo reverenciaba sus pasos. El reino se llamaba Tengomiedoysoymediocre y era fácilmente reconocible por su arquitectura tradicional: casitas de paredes blancas y tejados encarnados que se organizaban en cinco condados: Grusín, Atenín, Contrín, Ciesín y Elxín. Todos ellos compartían la insignia nacional, una Coccinella septempunctata, o sea, mariquitauna mariquita, símbolo de gran fervor entre sus habitantes.

Como la mayoría de sociedades, los mediocrines (así se llamaban sus moradores) se organizaban en castas con una estructura piramidal:

El rey, en la cúspide, era el amo. No era un título hereditario, así que para llegar a ser rey solo  se necesitaba ser encantador de serpientes y titiritero, además de haber ocupado cargo previamente en el consejo. Al cargo se accedía únicamente por destitución del rey anterior tras un proceso conocido como «todo vale».

El consejo estaba formado por tres mediocrines, el trío Lalalá, aunque su número había ido variando a lo largo de la historia de Tengomiedoysoymediocre. En el consejo, los mediocrines se entrenaban en las artes del «todo vale», por lo que era la cantera de futuros reyes.

Los vasallos se debían al rey, su señor, aunque podían tener vínculos con  cualquier miembro del consejo. El vasallaje se basaba en el tradicional derecho de pernada, pero adaptado a este tipo de sociedad tan «particular», esto es, de rey o consejero a vasallo directamente; podía ser ejercitado en cualquier momento a la señal de un bote de vaselina con el nombre del vasallo correspondiente.

Los plebeyos constituían la base. Se reconocían fácilmente por el callo bermellón que lucían sus espaldas, así como un pliegue nucal de ángulo 45º que hacía a sus cabezas mirar siempre hacia abajo.

Fuera de la pirámide existían dos castas más:

Los asesores espirituales eran una casta nuevamente incorporada desde el lejano Oriente. Su presencia se intuía siempre, porque afectaba visiblemente tanto al rey como al consejo (a veces podía incluso afectar a algún vasallo), pero para la plebe eran todo un misterio y pocos los habían visto.

Los descastados eran una suerte de batiburrillo que agrupaba lo que no podía encajar en ninguna de las clases anteriores. Se les podía reconocer fácilmente por su cabeza en línea con el tronco. Existía la creencia popular de que si te acercabas a ellos podían contagiarte, acabar con el ángulo de tu cuello y desposeerte para siempre de los «suculentos» privilegios de los que disfrutases. Por ello, esta casta de descastados era fuertemente repudiada.

Vayavaya Triboda, nuestra singular y gélida protagonista, era una plebeya con privilegios de vasalla de los que había sido recientemente desposeída. No hay mal mayor, ni ser más peligroso, que un mediocrín cabreado ya que, como nunca se enfadan, si lo hacen descubren que les gusta y, si les gusta, levantan la cabeza y, si levantan la cabeza, oxigenan de nuevo su cerebro que, acostumbrado a la escasez de oxígeno y ante la sobredosis del mismo, puede sobrecargarse y llegar a idear cualquier cosa fuera de las costumbres y  tradiciones de Tengomiedoysoymediocre. El día que instruyeron acerca de esto en la clase de Nosubestimeselpoderdelaplebe en el consejo, Miratú Quémoreno estaba en la Feria de Abril acompañado de una rubia plebeya, de mirada miope y gestos vasallos, por lo que nuestro coprotagonista no pudo aprender la lección y se sucedieron los hechos que a continuación se relatan.

Como decíamos, Vayavaya Triboda estaba muy ofuscada por la degradación. Miratú Quémoreno el vividor, inmerso en las fiebres del éxito y el amor de la madurez, descuidódinerito la gestión de su reino y le robó el apellido a su predecesor, valorado en 100000€, para llamarse Miratú Quemoreno Ytoloquetrinco. Este gesto cabreó más, si cabe, a la srta. Triboda, pues su padre, un comerciante de peces con negocios en el reino, fue acusado de autor del robo del susodicho apellido. Lo que no sabía el ahora Sr. Miratú Quemoreno Ytoloquetrinco es que a los rusos hay dos cosas que no se les puede tocar: el vodka y la familia. Fue siempre precavido con lo primero,  nunca tocó el vodka con el que la rusa amenizaba las jornadas, pero se olvidó de la familia. Otro nuevo descuido del vividor, que pasó a conocerse como el «vividor descuidado».

Mientras tanto, en el reino comenzaban a aparecer signos de la llegada de un nuevo «todo vale». Estas señales podían ser fácilmente reconocidas por algunos habitantes, de la casta que fuesen (incluidos descastados); los miembros del consejo salivaban más de la cuenta por lo que dejaban una huella, casi imperceptible, a su paso y a Miratú Quémoreno se le empezaba a ver más blanco.

Vayavaya Triboda, descendiente de dos prestigiosos agentes secretos de la KGB reconvertidos a agentes de pescaíto frito en Cádiz, y sobrina del famoso inspector Gadget, ni corta nagente86i perezosa viajó al reino vecino, se agenció una grabadora de contrabando y, con las mismas, se la plantó en el sostén con el fin de obtener pruebas que presentar al trío Lalalá para el siguiente «todo vale». Ajustó el micrófono, entró en sus aposentos y, como toda cosaca que se precie, se marcó el típico chorovod ruso. Miratú Quémoreno acostumbrado a las sevillanas de la Feria de Abril y a la insipidez de su concubina, se volvió loco al ver a la matruska desmelenada dando saltos con las piernas arriba y abajo, tanto, que acabó contándole todo mientras se saltaba a la torera las directrices establecidas en Nosubestimeselpoderdelaplebe.

Vayavaya, con la grabación en su poder, ofreció la valiosa prueba al consejo, quienes no sabían qué les gustaba más, si esos bailes típicos de una tierra tan lejana, o la poderosa arma para el «todo vale» que estaba a punto de comenzar.

Miratú, mientras tanto, y mientras le hacía efecto la mascarilla de pepino que había comenzado a darse por las noches ante los evidentes signos de MeestoyvolviendoblancocomoMichaelJackson que le habían aparecido recientemente, seguía preguntando a su oráculo convertido en espejo:

cosaca1— Espejito, espejito, ¿quién es el más sabio del reino?

Pero el espejo, ante la pregunta de rigor, un buen día contestó:

— Me parece, me parece, que es la rusa quien te vence.

Un grito atronador salió de su boca con tanta fuerza que casi le arrebata los implantes de blanco marfil que se puso con el dinero que recibió por no sé qué en no sé dónde. Desde entonces, algunos se le mueven, otros le molestan al masticar y tiene que sorber la sopa. Sin embargo, ese grito no se oyó en Tengomiedoysoymediocre ya que, al igual que era capaz de levitar en lugar de andar, Miratú podía gritar hacia adentro; se notaba que lo había hecho porque se despeinaba ligeramente en la coronilla.

El consejo estaba revuelto, del trío Lalalá, a Chinitoreprimido Soymásmaloqueunahiena no se le veían ya los ojos de la mueca, mezcla de estreñimiento mezcla de felicidad, que se le había instalado desde que escuchó la grabación, Becarioqueprogresó Deaquellamanera andaba de acá para allá dando saltitos con un cazamariposas y Prefieroquememaneje JoséLuisMoreno se tomó una caja de tranquimazín para celebrarlo, cuando lo que quería tomar era éxtasis, por lo que andaba (si andaba) como un espectro por el reino; la rusa iba mostrando su baile a todo aquel que quisiera mirarla, los vasallos se miraban de reojo por ver si descubrían quién ocuparía el siguiente puesto en el consejo y la plebe… la plebe… seguía trabajando sin parar esperando que algún día el bote de vaselina llevara su nombre.

Los asesores espirituales habían descubierto el jamón serrano, los toros y el fino, así que cambiaron sus saris por un traje de cordobés y decidieron instalarse en la Feria de Abril, y los descastados, los descastados nos lo estamos pasando pipa.

El «todo vale» había comenzado…

3 comentarios to “Parábola de la rusa intrépida y el vividor descuidado”

  1. menchurol Says:

    visto lo visto, deja de quejarte del trabajo ¡tienes una mina!. A este paso Lope de Vega se va a quedar pequeño y tu terminrás en paro pero firmando en la feria del libro. Me gusta ¿continuará?

  2. la7columna Says:

    Me gusta que te guste. ¿Continuará?, pues no depende de mí pero mucho me temo que tendremos culebrón para rato… Un beso ¡roldana!

    • Anónimo Says:

      Esto no terminará nunca, así que no te pierdas ni un solo capítulo porque cada vez serán más divertidos. La pena es que has empezado demasiado tarde a escribir porque podías llevar casi una enciclopedia entera

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