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Si caminas bajo una tormenta, o sobre ella, y el barro se te pega a la suela de los zapatos volviendo tus pasos cada vez más torpes e inseguros, prueba a caminar descalza. No temas ensuciar los pies ni que éstos se te queden fríos, no te engañes; ya están sucios, ya están fríos, y caminar ligera te hará más fácil atravesar la tormenta.
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(O puede que, en el nuevo tacto de tu piel desnuda, encuentres la motivación que te falta para salir de ella.)
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