Si vas a tender, concéntrate en las cuerdas
El otro día, después de tender la ropa, me quedé mirando una preciosa luna creciente que había al sur de mi mar de asfalto, con olor a suavizante. De repente, recordé que un día yo había estado allí, que un día viajé a la cara oculta de la Luna; aunque hacía ya tanto de eso… o tan poco, que el tiempo siempre es relativo. Y yo, tan abajo, y la luna, tan arriba y tan brillante, me hizo sentir más pequeña que nunca.
Si hubiera sido un lobo la hubiera aullado, de eso estoy segura; esperando que entre mis notas apareciera el camino de regreso a ella. Pero como no lo soy, tuve que conformarme con fumarme un cigarrillo y compadecerme mientras la veía abandonarme en su camino hacia el oeste y yo permanecía estática, apoyada en una inerte barandilla de frío aluminio, sin más distracción que la insípida vida de mis vecinos de enfrente.
.