Re-encuentros

Publicado en Uncategorized el 03/07/2012 por la7columna
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Con más canas,
más kilos,
más años
y más ganas…
(pero seguimos siendo las mismas).
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Llorar de la risa,
salir corriendo por un callejón oscuro
(huyendo de una travesura de madrugada),
discutir
(cómo no),
conversar
(cada loca con su tema),
ponernos al día en graves y agudos…
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En definitiva, alimentarnos el alma.
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Let’s go swimming. Allo Darlin’

Irreversible

Publicado en Uncategorized el 04/06/2012 por la7columna

Bienvenida al lugar donde tus peores pesadillas se hacen realidad. ¡Enhorabuena, chata! A partir de ahora, cada vez que te mires al espejo, abras la boca o cierres los ojos, recordarás que tienes un pie aquí, entre nosotros.

Como verás, esto no ha cambiado mucho desde la última vez que viniste; si acaso, el camino recorrido. Pero ahora ya estás aquí, y es irreversible.

Pasa. Te estábamos esperando…

Huele a anestesia. ¿Lo notas? Es que estamos ansiosos por borrarte de una vez esa estúpida sonrisa. Tranquila, que no te va a doler.

Y respira hondo. Lo peor está todavía por llegar…

(Bienvenida al infierno.)

Publicado en Uncategorized el 23/03/2012 por la7columna

Nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños. W. Shakespeare

(O no me despiertes todavía, déjame soñar.)

De paseo por el camino que conduce el sueño, he llegado a una de esas tardes en las que no es verano ni otoño sino todo lo contrario; o sea, ambas a la vez.
De esas en las que no te sobran los vaqueros ni te quedas corta si llevas sandalias, aunque haya alguien al lado que vaya en manga larga y lleve botas, que siempre estilizan, oiga.
O de esas en las que el futuro no se lee en una bola de cristal porque la bola es de cuarzo y sólo admite presentes.
O sea, una tarde de contrastes y onírica realidad. O un oxímoron. Como yo.
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En el camino de vuelta se hizo el invierno, así que mi bola de cuarzo dejó de escribir presentes. Eso sí, ahora les quita el dolor a los niños mientras se llena de cicatrices como ellos en el parque. Es una bola mágica.
En cambio a mí, que dejé de tirarme por toboganes hace ya tiempo, no me basta la magia de la sugestión para curar mis heridas, y sólo consigue hacer que me pese más un bolso con síndrome de diógenes y vacío de dinero, como si fuera un fantasma que arrastrara sus penas o un preso de pasos torpes, incapaz de escapar de su condena; atrapado en un peso, o un pesar, cuando una es más de levedades, oiga, aunque digan que son insoportables.
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Y, con el silbato de un tren que no oí, inicié el camino de vuelta…
(Pero conservo conmigo una bola mágica
que cura las heridas de los niños.)
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No sé, no sé…

Publicado en Uncategorized el 01/02/2012 por la7columna

Últimamente, al acabar el día, me veo siempre dos marcas rojas a ambos lados del puente que no tengo (y me recuerdan que la vista cansada no puede con el peso de una montura barata).

Y las pocas canas que peino se apartan insolentes del resto de mi pelo (que no peino) y me hacen levantar la guardia frente a aquéllos que se sienten invitados a arrancármelas, no sé muy bien por qué.

Jo, a mí me gustan.

(Lo que no me gusta es estar haciéndome mayor…

…por dentro.)

 

El muro

Publicado en Uncategorized el 19/12/2011 por la7columna

Al muro le faltan todavía unos centímetros para estar completo. Además, está salpicado de poros en toda su estructura, creo que por ambas caras; mientras se levantaba, de vez en cuando se colaban pequeñas burbujas que contenían algo que ahora es aire, pero cuya imagen todavía puede verse, aunque distorsionada, como si fuera el reflejo exterior de una pompa de jabón, que se mantiene un segundo antes de explotar y desaparecer para siempre, o como si fuera la última mirada de un muerto.

No es un muro compacto, con todos esos destellos no puede serlo, aunque sí férreo, pues se ha levantado con la determinación de quien no es consciente de lo que hace mecánicamente.

El muro aísla. El muro genera dos realidades.

Las diferencia.

Las separa.

Pero como está incompleto y no es compacto, por arriba, o por los miles de minúsculos agujeritos repartidos por toda la pared, que centellean con imágenes que no ocupan espacio (pero tienen lugar, ¿acaso el del recuerdo?), todavía pasan cosas de un lado a otro.

A veces se cuela una mirada, y a partir de pequeños retazos supone la realidad que se vive al otro lado; un fragmento por aquí, una visión por allá, concluyen lo que puede estar pasando allí. Para hacer esto se necesita esfuerzo e inventiva; esfuerzo, para encontrar agujeros por donde mirar que siempre requieren posturas imposibles, e inventiva, para rellenar los huecos de lo que no se ve con lo que se imagina. Por ello, y porque levantar el muro ha sido una faena ciertamente alienante, no son muchas las miradas que atraviesan la pared, y, a menudo, la realidad que se imagina a cada lado -si es que se imagina- tiene pocos puntos de certeza.

Lo más frecuente es que sean palabras las que atraviesan el muro. Es cierto que las únicas que lo hacen son las más delgadas del idioma; aquéllas que, por frías, se pronuncian sin esfuerzo y sin el sentimiento que las haría grandes; de lo contrario, no podrían atravesarlo. Expresiones superficiales, prensadas de logística y cargadas de inercia, son las que mantienen el mínimo contacto entre cada realidad a ambos lados del muro.

Realidades aisladas. Realidades distintas. Soledades, al fin y al cabo. Pues el muro no deja de ser un muro aunque esté hecho de silencio.

(…y cada nuevo silencio es un ladrillo más en el muro.)

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Publicado en Uncategorized el 29/11/2011 por la7columna
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Cuando el olvido secuestra un recuerdo
(con síndrome de Estocolmo).
Cuando el cuarto creciente te habla en chino.
Cuando el blanco de la diana se vuelve negro.
Cuando mañana es ayer y hoy ya no existe.
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Cuando la caja de música no suena al abrirla
(¿funcionará a pilas?).
Cuando el mago te cuenta su truco al oído.
Cuando la brújula ya no señala al norte
(y el sol se pone cada noche por el este).
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Cuando las canciones no hacen escalas,
y al otro lado del espejo sólo queda la pared…
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(…la pasión te está poniendo
los cuernos con el hastío.)
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Publicado en Uncategorized el 17/11/2011 por la7columna
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Si caminas bajo una tormenta, o sobre ella, y el barro se te pega a la suela de los zapatos volviendo tus pasos cada vez más torpes e inseguros, prueba a caminar descalza. No temas ensuciar los pies ni que éstos se te queden fríos, no te engañes; ya están sucios, ya están fríos, y caminar ligera te hará más fácil atravesar la tormenta.
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(O puede que, en el nuevo tacto de tu piel desnuda, encuentres la motivación que te falta para salir de ella.)
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