Re-encuentros
Publicado en Uncategorized el 03/07/2012 por la7columnaIrreversible
Publicado en Uncategorized el 04/06/2012 por la7columnaBienvenida al lugar donde tus peores pesadillas se hacen realidad. ¡Enhorabuena, chata! A partir de ahora, cada vez que te mires al espejo, abras la boca o cierres los ojos, recordarás que tienes un pie aquí, entre nosotros.
Como verás, esto no ha cambiado mucho desde la última vez que viniste; si acaso, el camino recorrido. Pero ahora ya estás aquí, y es irreversible.
Pasa. Te estábamos esperando…
Huele a anestesia. ¿Lo notas? Es que estamos ansiosos por borrarte de una vez esa estúpida sonrisa. Tranquila, que no te va a doler.
Y respira hondo. Lo peor está todavía por llegar…
(Bienvenida al infierno.)
Publicado en Uncategorized el 23/03/2012 por la7columna
Nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños. W. Shakespeare
(O no me despiertes todavía, déjame soñar.)
No sé, no sé…
Publicado en Uncategorized el 01/02/2012 por la7columnaÚltimamente, al acabar el día, me veo siempre dos marcas rojas a ambos lados del puente que no tengo (y me recuerdan que la vista cansada no puede con el peso de una montura barata).
Y las pocas canas que peino se apartan insolentes del resto de mi pelo (que no peino) y me hacen levantar la guardia frente a aquéllos que se sienten invitados a arrancármelas, no sé muy bien por qué.
Jo, a mí me gustan.
(Lo que no me gusta es estar haciéndome mayor…
…por dentro.)
El muro
Publicado en Uncategorized el 19/12/2011 por la7columnaAl muro le faltan todavía unos centímetros para estar completo. Además, está salpicado de poros en toda su estructura, creo que por ambas caras; mientras se levantaba, de vez en cuando se colaban pequeñas burbujas que contenían algo que ahora es aire, pero cuya imagen todavía puede verse, aunque distorsionada, como si fuera el reflejo exterior de una pompa de jabón, que se mantiene un segundo antes de explotar y desaparecer para siempre, o como si fuera la última mirada de un muerto.
No es un muro compacto, con todos esos destellos no puede serlo, aunque sí férreo, pues se ha levantado con la determinación de quien no es consciente de lo que hace mecánicamente.
El muro aísla. El muro genera dos realidades.
Las diferencia.
Las separa.
Pero como está incompleto y no es compacto, por arriba, o por los miles de minúsculos agujeritos repartidos por toda la pared, que centellean con imágenes que no ocupan espacio (pero tienen lugar, ¿acaso el del recuerdo?), todavía pasan cosas de un lado a otro.
A veces se cuela una mirada, y a partir de pequeños retazos supone la realidad que se vive al otro lado; un fragmento por aquí, una visión por allá, concluyen lo que puede estar pasando allí. Para hacer esto se necesita esfuerzo e inventiva; esfuerzo, para encontrar agujeros por donde mirar que siempre requieren posturas imposibles, e inventiva, para rellenar los huecos de lo que no se ve con lo que se imagina. Por ello, y porque levantar el muro ha sido una faena ciertamente alienante, no son muchas las miradas que atraviesan la pared, y, a menudo, la realidad que se imagina a cada lado -si es que se imagina- tiene pocos puntos de certeza.
Lo más frecuente es que sean palabras las que atraviesan el muro. Es cierto que las únicas que lo hacen son las más delgadas del idioma; aquéllas que, por frías, se pronuncian sin esfuerzo y sin el sentimiento que las haría grandes; de lo contrario, no podrían atravesarlo. Expresiones superficiales, prensadas de logística y cargadas de inercia, son las que mantienen el mínimo contacto entre cada realidad a ambos lados del muro.
Realidades aisladas. Realidades distintas. Soledades, al fin y al cabo. Pues el muro no deja de ser un muro aunque esté hecho de silencio.
(…y cada nuevo silencio es un ladrillo más en el muro.)
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